martes, 18 de marzo de 2008

Se ha muerto de nuevo

Y si alguien me dice que la novela se ha muerto, mi primer impulso sería contestarla que ya iba siendo hora, si de por sí la novela se nos viene muriendo desde su nacimiento. Serio, podría contestarle, que como tantas creaciones humanas, no es accidental que su periplo vital sea análogo al de la única raza que lee y escribe. Pero luego viene la nueva/vieja advertencia en boca del pulcro y blanquísimo Tom Wolfe, de que, por enésima vez, la novela se ha muerto, y yo por dentro no puedo evitar un sarcasmo: la que está muerta es la novela de Tom Wolfe (al menos la última, que ni me molesté en leer, advertido por tres o cuatro párrafos que vi por ahí y el mazazo de algunas críticas).

¿No es extraño? ¿Qué generalmente los que nos matan a la novela sean escritores viejos o filósofos jóvenes? (No voy a caer en la tentación, la de afirmar que son siempre escritores o filósofos con gustos ridículos a la hora de vestir). Ortega, por ejemplo, la mató en los años veinte del siglo veinte, en su celebrado Arte e ideas sobre la novela. Decía cosas interesantes, lo admito: como su hipótesis principal, de que condición sine qua non para una novela es el argumento. Pero luego afirma que novelas como las que hacía Proust ni siquiera podían ser novelas, que iba la novela por un callejón sin salida (si eso pensaba de Proust, no puedo ni imaginarme lo que opinaba de Joyce, suerte quizás que no alcanzó a leer el Ulises antes de publicar su ensayo). ¿De dónde esa ansia por cerrar el sepulcro para esa narrativa que algunos dicen que inventó Cervantes, pero que otros llevan hasta la picaresca o, por qué no, a los confines de Dafne y Cloe, el Satiricón o la misma Odisea (si me limito a la tradición occidental, y me olvido del Relato de Genji o incluso del Bagavad Gita)?

Novelar es trozar la tragedia humana en pequeños habitáculos de ansiedades y titubeos. Cuadros amplios compuestos de miniaturas. ¿Era Stendhal, quién decía, que todos vemos la misma realidad como quien mira una plaza desde la ventana de un edificio, y que por tanto la plaza que observa no es la misma que contempla otra persona por una ventana distinta? La novela es una ventana más entonces, o más bien una colección de ventanas que se abren y cierran hacia el mundo desde los personajes, el narrador, la trama, de la mano del autor y también del lector. Quizás de ahí su inmortalidad, que los muertos que mata Wolfe gocen de tan buena salud. Necesitamos la novela porque nos explica el mundo y a nosotros con una intimidad que es a la vez un extenso mundo compuesto por múltiples puntos de vista. Y la alharaca por su perdición es solo agua para los molinos de alguno que siente que se queda atrás, que ya no quiere mirar el mundo por tantas ventanas. O quizás, simplemente, sea que a la novela haya que matarla de vez en cuando, para que renazca invencible.

2 comentarios:

Heriberto dijo...

La novela, ese diorama rustico por el que se puede ver retazos - o cuadros- de vidas ajenas y que aun en su ajenidad puede impregnar a quines los observan -leen- de un sentimiento de propiedad y de cercania con eso lejano que se lee, es una forma -iba a decir caduca- pero quizas no contemporanea es una forma menos rigida de describirla. Pero aun en este epoca de ipods, hi5's,youtubes y demas forma de acceder a los contenidos de los demas, seguira un grupo de personas perpetrando novelas y otro grupillo sintiendo placer al tomar ese obsoleto material cn el que estan hechos los libros.

Alex dijo...

Interesante, como en Max Headroom cuando se encuentran un libro, uno pregunta que es, y otro le contesta, es un libro, una manera antiquisima de perpetuar informacion, ilegales, pero deberias tener uno.

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