jueves 13 de octubre de 2011

Acosado

Me sorprendió ver su página cerrada. Acceso a solo un par de artículos y un libro electrónico con sus publicaciones más técnicas. Eso y su comentario "El gran robo bancario". Me duele pero entiendo su súplica: que lo dejen tranquilo. Nassim Taleb es uno de los pocos que ha hablado serio sobre la verdad de la situación actual (otros, como Max Keiser, o el foro ZeroHedge pecan de histriónicos, a veces parecen deleitarse en mirar el buque irse a pique, pero bien, van teniendo razón). Comprendo que la presión ahora debe ser máxima sobre él. El mundo bancario no es un estanque de peces amigables y no pocos le deben estar tratando de cobrar su sinceridad de académico brillante y negociante astuto. Tristemente, aquí en Costa Rica, pocos nos hemos dado cuenta de la gran estafa (el tipo de cambio del dólar sigue subiendo, mientras China empieza a vender sus bonos del tesoro yanqui por lo que son, papel casi sin valor).

Saludos y respetos, Dr. Taleb. A veces, es mejor callar y que los que no han sabido escuchar, que paguen.

miércoles 24 de agosto de 2011

La lucha oculta

En ese estilo tan típico de nuestras castas gobernantes, de secretismo y cuchicheos, continua la triste historia de la Caja Costarricense de Seguro Social. De la reciente historia del país, se sabe, que la táctica primordial de quienes pretenden dirigirnos es la de alargar los intervalos y los silencios, y dejar que aquellas de sus marrulleras actividades que para desgracia suya salen a la luz, caigan pronto en el olvido y resignación de los afectados --todos nosotros--. Así, la Presidenta nos nombra una nueva ministra de Salud, amiga y colega de quien a tumbos ya dirige la CCSS, y mientras tanto la última auditoría sobre la institución se va al baúl de los secretos de estado. Con estas acciones, simplemente se desoye un clamor que, supongo que esperanzados nuestros líderes en la tradición histórica, se irá apagando sin consecuencias. Pero debe la Presidenta recordar que la peor de las furias es siempre la de los pacientes. Las manifestaciones en Tibás por el arbitrario intento de cerrar una clínica comunal deben despertarla --a ella y a esa casta excelsa que parece ofenderse cada vez que se le cuestionan sus altaneras disposiciones-- a la realidad: cuando ha sido necesario, los ciudadanos costarricenses se han levantado contra los intentos de sojuzgar sus libertades y derechos. Porque esta democracia que los costarricenses gozamos, no es producto de una supuestamente muy tica imagen de pasividad y pacifismo con que han tratado de caracterizarnos a los costarricenses desde niños en nuestros medios de comunicación e incluso desde nuestro manipulado sistema educativo, sino que se ha ganado con la sangre del pueblo, en 1823, en 1842, en 1856-57, en 1889, en 1919, en 1948, en 1955. Las luchas contra ALCOA y el Combo del ICE son recordatorios de que este país está poblado de costarricenses serios que luchan por lo que les es suyo, no de ticos pura vida amantes del vacilón.
Es reconfortante ver, entonces, que grupos como el de Cotizantes CCSS aparecen para mantener viva la llama y obligar a las autoridades a aplicar el bisturí que les ha sido encomendado. Si no desde las esferas del poder ejecutivo, entonces desde el poder judicial. Quizás grupos como este, logren hacer entrar en razón a quienes alegremente pretenden dirigir el país como si de su hacienda privada se tratara. Quizás grupos como este logren resolver una de las mayores ironías de la CCSS y quizás la razón del secuestro que vive hoy: el que entre su directorio, no haya representante de quienes aportan el máximo sostén de la institución y son su razón de ser, nosotros los obreros y trabajadores asegurados.

domingo 14 de agosto de 2011

El verdadero problema

El verdadero problema de la Caja Costarricense de Seguro Social no es su déficit. Ni siquiera es el que, pese al gasto que llevó a este déficit, sigan prevaleciendo la mala atención y el abandono que sufren quienes no pueden acudir a la consulta privada (la gran mayoría de la población).

El problema de la Caja va más allá de un asunto contable o administrativo. Es un asunto de ética profesional. Es consecuencia del secuestro de la seguridad social por parte de un gremio profesional, el de los médicos, que en su codicia ha traicionado el juramento de servicio a sus semejantes. Las pruebas son muchas, pero basta una contundente: según algunas fuentes, en este país de cuatro millones y medio de habitantes, solo hay dos nefrólogos y ocho oncólogos en activo (ocho oncólogos en un país en el que se espera que pronto sea el cáncer la principal causa de mortalidad). Yo he escuchado muchas historias, de como el acceso a estudiar especialidades se restringe para no perjudicar "el mercado". Quizás sean rumores. Pero los números sostienen dichos rumores: en Costa Rica, me han dicho, solo se gradúan 16 especialistas al año. En Nicaragua, 250. No va para nada bien mi Costa Rica.

sábado 13 de agosto de 2011

Las tormentas

Hablemos de fantasmas. Envueltos en escamas de oro. Hará unos meses, por radio, un insistente propaganda invitaba a un evento en un hotel nacional de prestigio, organizado por un consorcio extranjero desconocido: "se compran joyas de oro", era en resumen la publicidad. El asunto debe haber sido exitoso. No solo se extendió más de lo anunciado originalmente. Volvieron unas semanas después por más. Tiempo después de pasado el evento, no hará un mes, los diarios nacionales daban cuenta del repunte del precio del oro a nivel internacional. No sé si los que vendieron sus joyas habrán atado cabos. No sé si las autoridades lo habrán hecho, tampoco. Los fantasmas son entes muy resbalosos.

Entretanto, la burbuja inmobiliaria sigue inflándose en Costa Rica. Hace unos días, La Nación, decía que el alto costo de la tierra en el Gran Área Metropolitana dificultaba las ayudas gubernamentales para clases medias y bajas. Puede esgrimirse el argumento de la densidad poblacional y la escasez de tierras (argumento débil, cuando gran parte del casco josefino está compuesto de lotes e inmuebles abandonados), y la falta de soluciones de propiedad vertical. Es hilar muy fino, me parece. Ninguna de esas razones puede justificar el que la tierra en el Valle Central alcance valores superiores al de un inmueble en ciudades como Miami o Nueva York. Mientras tanto, me dicen algunos que los bancos están financiando casas con hipotecas sobre propiedades sobrevaluadas: "llévese casa y carro nuevos, por el precio de la casa". Esa historia ya la conocemos de hace algunos años en otros países más nórdicos. El que tiene oídos que oiga.

Yo solo digo, si quiere comprar casa, espérese un poco, no se embarque en este Titanic. Si puede, compre oro (yo, tristemente, no puedo). Y si ya está abordo con flamante hipoteca y recién vendió las joyas de la abuela, vaya preparando el salvavidas.

viernes 1 de julio de 2011

De atrapar insomnios

Evaluar un libro de relatos es moverse en arenas movedizas, donde perder el pie puede significar hundirse en el intento funesto de abarcar con un trazo endeble una colección de voces que no son sinfonía (y que no pretenden serlo). Porque cada relato, generalmente, es una pieza única, una sola pelea a resolver por KO, si uno quiere aferrarse a la gastada imagen que Cortázar hizo del género. Y evaluar el suceso de un libro de relatos por tanto, apoyándose en un intento unificador, es ignorar el caráter atómico del mismo e, incluso, justificar esa creencia tan arraigada de que el cuento es un género menor, y que solo por calidad acumulada es dable proponer si una colección de cuentos es algo bueno o no. Evaluar en conjunto es, por ende, ser injusto con el autor, que con un libro de relatos arriesga su pellejo con un afán por multiplicar sus registros en siete, ocho obras que, si se parecen mínimamente en estilo y efectos, pueden tacharse de monótonas, mientras que si se esmeran en lanzarse por espectros esparcidos, pueden acarrear sobre la colección la temida acusación de ser de una calidad irregular. Pero peor, es ser injusto aún más con el lector, que puede no encontrar en el resumen apresurado del presentador el gancho sincero que lo atraparía en alguno de los recovecos del libro.

Los libros de relatos son, propongo entonces, especies extrañas que hay que tratar con delicadeza. Son el receptáculo de caprichos y lances temerarios, donde el autor arriesga, cada vez que inicia un nuevo relato, el cinturón que viene de ganar del relato anterior (si seguimo con las imágenes boxísticas). Aquí, no se trata de acumular puntos a lo novela (sigo con Cortázar), sino de hallar aquel relato que nos deje tendidos en la lona. Por eso, esta noche, y aprovechándome de lo bastante que conozco la obra de Heriberto y sus manías, he preferido concentrarme solo en dos de sus relatos de Atrapainsomnios, para alabarlos por lo que son: obras únicas en su estética y gozo. Y le dejo a los lectores aquí presentes la tarea de buscar los propios en este libro, si es que sus gustos no coinciden con los míos.

Sé que Heriberto ha transitado muchas veredas literarias. Aunque él lo niegue –porque un autor que se respete debe siempre dar esa facha de tener un estilo pétreo y definido, aunque ya ven que el estilo de Borges es diferente en cada libro que hizo. Pero ese transitar es más bien, como debe serlo en un autor que se precie, la búsqueda del registro adecuado para que aquello que se narra. Heriberto va entonces ondulando sus relatos entre la realidad y la fantasía, el juego onírico y la más deliciosa ironía, jugueteando deslices entre sus historias de hombres y mujeres desencontrados.

Pero hay constancia, porque Heriberto tiende a hilar sus narrativas con un hilo conductor común: el poder del eterno femenimo. Así que empiezo con “Héroe en Roma”. Quizás porque es por así decirlo un Heriberto-classic. Desenfado en el personaje. Desenfado en la prosa y el humor negro. Un héroe anónimo ansioso de dama – por eso lo del poder de lo femenino que digo aflora en muchas de las historias de Heriberto – que como Odiseo está a punto de ser la masculina presa fácil de un par de piernas acogedoras. Ah, la añagaza perfecta para meter a un hombre en cualquier problema, hasta en una contrarrevolución en un país caribeño y bolivariano. Pero el narrador, el personaje central, tiene adentro el mismo instinto de Ulises, de querer probar la fruta prohibida sin envenenarse. Puede haber necesidad de mujer, pero antes está la necesidad indescriptible de no dejarse mandar, por una mujer, por el deseo de una mujer, – algunos la llaman machista, yo diría más bien indispensable para cualquier humano, hembra o varón, la de acuerpar sus propias decisiones y roturar rutas que no son las comunes sino las que dicta el alma torturada, aunque se desilusionen los demás, o el mismo cuerpo. Aquí, el desenfado del personaje, el saberse un fracasado nostálgico que se acepta tal como es, esa es la soga que lo ata al mástil al narrador.

Luego está “Cuestión de vida o muerte”. En un estilo encabalgado, con algo de Bolaño, hay un no sé qué en este relato que me mete espanto junto con sonrisa. Me recuerda a la estadounidense Shirley Jackson, esa capacidad de entrelazar lo fantástico y lo gótico en una historia que se pendula entre lo pedestre y lo espeluznante. Tres hombres, dos mujeres, en la más común y aburrido de una existencia que la trama va volviendo imposible, culminada por un desenlace ineludible por lo común y definitivo. Aquí Heriberto, sutilmente, junta lo inenarrable del fin existencial con lo banal que resulta nuestra conciencia cuando debe enfrentarse con la inmensidad afuera de este saco de nervios que somos: el misterio que es estar vivos, o muertos. Se ha dicho muchas veces que través del mito, de lo simbólico, el humano busca explicarse el universo y la más grande incógnita: ese misterio de la conciencia. La angustia existencial, esa que algunos llaman psique, nos mantiene insomnes con sus impulsos y y vocecitas, y el hacer relatos es precisamente un intento por darle respuestas a las inquietudes que nos vienen del coro. Pero el símbolo es un intentar aferrar el aire con la mano abierta, donde no hay respuesta definitiva y la duda pervive. Así, los cinco personajes de este relato bien pueden ser el hijo de Pedro Páramo, que no consigue racionalizarse muerto y por tanto emprende la busca del padre. Aunque al final solo esté el fracaso y la incapacidad de la mente de coligir aquel gran misterio que la envuelve. Los cinco abandonados quedan en el limbo, como al final lo estamos todos, de este o del otro lado, donde los espectros de la separación cuerpo-alma quedan resueltos ante la invencible carnalidad: el símbolo queda supeditado a la única realidad, un grupo de huesos, la capacidad de procrear. Lo demás es hablada.

Yo no voy a hablar más: aquí vinimos a escuchar a Heriberto. A oírle orlar sus historias, las del género humano que busca aprehender entonces lo eterno en lo efímero de la existencia, aunque cada intento termina en fracaso, porque las historias son solo metáforas para explicar algo que no es explicable. Mas no está mal que mientras dure el embrujo, hayan algunas sonrisas y un poco de reflexión.

viernes 10 de junio de 2011

Levantamientos y esperanzas

Quizás las manifestaciones ayer de un grupo de vecinos contra las arbitrariedades de la Caja Costarricense de Seguro Social en su empeño en cerrar un clínica estén lejos de una primavera árabe o un 15M español. Pero yo puedo intuir detrás el mismo germen de descontento, de la frustración acumulada de un pueblo que empieza a exigir respeto. El deterioro evidente de la medicina social en Costa Rica no puede pasar desapercibida para la gente que con sus aportes mantiene el sistema. Costa Rica ha duplicado su población en menos de treinta años, pero continua teniendo prácticamente el mismo número de hospitales y clínicas desde entonces. La gente, ese colectivo que somos, no es tampoco imbécil: que el auge de hospitales y clínicas privadas, la promoción del turismo médico, el aumento imparable de los costos de una consulta médica, coincida con la paralización de servicios vitales de la Caja como el tratamiento del cáncer --por mencionar el caso más grave mas no el único -- es bastante muestra de que a la seguridad social algunos le tienen los días contados, y de que la medicina va en camino de ser un negocio y no un servicio a la comunidad.

Desde hace años son continuos los rumores de las arbitrariedades en la asignación de los campos clínicos para formar especialistas. De como solo los hijos de algunos obtienen las escasas plazas mientras los hospitales públicos se quedan sin anestesistas, oftalmólogos, cirujanos plásticos, obstetras, cardiólogos. Desde hace años son continuos los rumores y denuncias de atención encubierta de pacientes privados en las clínicas y hospitales públicos mientras las colas de espera por atención y cirugías se alargan meses. Desde hace años, la desviación hacia centros de atención básicos de la consulta externa en salud ha demostrado su ineficiencia para satisfacer las necesidades de la población, que se ve obligada a seguir métodos arcaicos superables tecnológicamente como el uso fichas y de filas durante la madrugada para obtener un espacio. Esos mismos centros que sin embargo han significado jugosos ingresos a conglomerados médicos (que, casualmente, sí están llenos de consultorios con anestesistas, oftalmólogos, cirujanos plásticos, obstetras, cardiólogos, formados por la Caja), ingresos que vienen de los sacrificios de esta misma gente a la que la Caja no quiere atender, la gente que paga y mantiene a la Seguridad Social, y por ende la verdadera dueña de los recursos que unos pocos administran (¿no resulta raro, que el verdadero dueño de la Caja no tenga ni voz ni voto en los consejos directivos de la misma?).

Esta gente, sin embargo, no es tonta y empieza a despertar. Ha visto el silencio de las autoridades, del colegio de médicos y los demás gremios profesionales en salud, y supone que si no se han hecho investigaciones para revelar si aquellos rumores son ciertos o no, es porque a alguien no le conviene eso de que se hurgue en el desorden. Esta gente, que ha salido a la calle, puede ser un indicio de algo que se viene, de que aquí estamos cansados de las arbitrariedades de unos pocos y de la ineficiencia cómplice de otros tantos en beneficio de castas que, para colmo, tampoco quieren tributar.

martes 3 de mayo de 2011

Las causas de la tormenta

Ha pasado la tormenta. Parece que la calma se establece. Pero quedan las causas, muchas, que en cualquier momento pueden volver a sacudir este barco que, por ahora, ha mostrado aún ser de casco sólido y sellado, pese a los embates del océano y las ocurrencias de tantos malos capitanes. Entre todas las causas, quizás la más apremiante, la necesidad de que una vez por todas las castas gobernantes nos otorguen ese derecho que nos es vedado a todos los costarricences: el de poder elegir directamente a nuestros representantes ante el congreso y los concejos municipales. Se ha esperado mucho por este derecho. Ojalá que no lleguemos nunca a la necesidad de buscarlo por otros medios.
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